Encuentro con las Comandantas en Oventic


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Posted by La belibesante Austral on April 08, 1997 at 13:13:42:

Crónicas femeninas Mayas
"El silencio, el más tortuoso y horrendo de los dictadores..."

LAS COMANDANTAS , EL SILENCIO Y YO.

No bien llegué a San Cristóbal de las Casas comencé a conectarme con los distintos canales para poder llegar a conversar con alguna Comandanta y explicarle más claramente y a corazón desnudo el proyecto del libro femenino zapatista. Después de hablar con varios potenciales contactos finalmente me señalaron al indicado.
El hombre durante 20 minutos disertó con una tranquilidad pasmosa sobre todas las dificultades por las cuales era imposible llegar a la Comandancia Zapatista. Casi con el alma en los pies le lancé la frase que despejaría el obstaculizado camino :
- No, pero yo no quiero ver a Marcos.
Con bastante cara de sorpresa - A no quieres ver al Sub entonces ?.
- No... Yo quiero hablar con las mujeres, el hombre me parece guapo, inteligente e interesante, pero lo mío es un proyecto estrictamente femenino y a menos que me jures que el hombre es un travesti, no se justifica que lo entreviste! .
Con una sonrisa más que forzada por mi broma, puesto que jamás se le permitiría semejante debilidad al ya mitológico estratega, me contestó - Ah, siendo así no hay ningún problema, mañana mismo podés partir para Oventic, que allí hay varias Comandantas y está la Mayor Ana María.
- Excelente, hombre. es justo lo que buscaba !. El proyecto intentaba cubrir tanto la parte civil como militar de las mujeres, la Comandancia, que son los representantes máximos del zapatismo ,en su mayoría son civiles y la Mayor Ana María dentro de este ejército rebelde es la mujer de más alto rango militar , además de ser una de las más antiguas dentro del movimiento. No había dudas para mí, Oventic era el lugar apropiado para empezar con el trabajo.
A la mañana siguiente partí raudamente hacia la comunidad. El vértigo de montaña me causó sus buenos trastornos , pero al menos tuve la tranquilidad espiritual de no haber perjudicado a nadie con mi insurgente estómago.
Una vez llegados a la puerta de entrada de Oventic, presenté junto con mi guía mi pasaporte y pedido :
" Quisiera hablar con alguna Comandanta, vengo con un proyecto femenino". Para mi sorpresa con esa sola explicación el guardia zapatista de la entrada se marchó para el fondo con la documentación en mano. Como a los 15 minutos volvió, nos regresó los documentos y nos dijo : "Ahorita lo va a recibir pué" . Era mi segundo día en Chiapas y yo no tenía mucha conciencia de lo que significaba "ahorita". Este adverbio de tiempo, que en la Argentina es, "ahora", "ya" y en paranoia total , "ayer", aquí en México significa dos o tres horas y si al tiempo mexicano se le agrega el tiempo indígena, pues el elástico "ahorita" puede llegar a significar días.
Conversando posteriormente al encuentro con mi guía, éste me confesó que mi suerte era extraordinaria, ya que en una hora se me apersonaron cuatro comandantes juntos, dos mujeres y dos hombres.
Hola, David ! - dijo uno de los Comandantes extendiendo su mano. Ahí no más extendí la mía y vocalicé mi nombre y apellido lo mejor que pude. Confieso que mi cuerpo temblaba de emoción al ver a estas mujeres, a las que había investigado por más de un año, mirándolas recurrentemente en fotos, como buscando alguna señal o respuesta. Ahora las tenía frente a mí, en vivo y en directo, con una actitud cauta pero con la mirada penetrante y clara.
Yo había practicado en el espejo de mi casa una especie de discurso en el cual intentaba explicarle a estas mujeres, que yo era yo y que estaba allí con mi mejor buena voluntad. Créanme que por más que practiqué ésta fue una de las elocuciones más difíciles de mi vida. ! ! ! Las muchachas no pestañaban siquiera. David, intervenía de tanto en tanto como para alternar un poco los sonidos. Finalmente me vino la chispa divina y les dije mirándolas bien fijo :
n "Si Uds. así lo desean yo les puedo leer el proyecto ?
n - Es muy largo ?- Me replicó amablemente David
n - Bueno... Son tres páginas y media pero yo leo claro y rápido, Comandante .




n - Mire pué, Ud. va a tener un problema aquí.- me anticipaba David antes de cualquier lectura - No sabemos por qué razón las mujeres de los altos, (se refería el comandante a la región en la que estábamos) tienen más dificultad que las de la selva para aprender el castellano. Yo veo muy difícil que Ud. pueda comunicarse con ellas pué.
n - Bueno, no tengo dudas de eso, Comandante, pero me gustaría de todos modos poder intentarlo, no le parece ?
En ese momento se hizo un silencio respetable. La Comandante Hortensia, miró de reojo a David, resopló debajo de su paliacate y me dijo : Léalo ! - mientras me entregaba el proyecto del libro en mis manos.
Yo lo miré al Comandante, como diciéndole que lo sentía pero que en esta oportunidad y con fino placer iba a responder a los mandos de la fémina.
Antes de leerlo les aclararé que podían interrumpir mi lectura si no entendían mis palabras. Jamás lo hicieron, sencillamente porque ellas entendieron todo lo que allí se leyó.
El proyecto tenía varios desafíos, pero la misión más importante precisamente era ésa que marcaba insistentemente David. Que estas mujeres, en su mayoría monolingües, pudieran expresar su pensamiento sin la traducción de un varón como generalmente acostumbran a hacer. Pero no por un principio feminista sino por una razón genuinamente femenina . Los hombres a diferencia de las mujeres y a pesar de vivir la misma realidad social hablan un castellano bastante claro y si bien ellos están en condiciones de traducirlas sin inconveniente alguno ,la idea era que las mujeres se expresaran independientemente como sujetos pensantes y diferentes de los hombres.
Al concluir los miré a todos y les dije, - Bueno qué les parece ?
El comandante David , volvió a mencionarme el inconveniente idiomático y además me expresó que el proyecto era muy amplio y que las compañeras iban a tener que ponerse a estudiar.
n A estudiar ?le replique yo. No comandante, disculpe, no me he explicado del todo bien. Mire yo no quiero que las compañeras estudien, yo sólo quiero que llevemos al papel lo que las compañeras sienten, opinan y sueñan.
n Pero Ud. va hacer preguntas , no ? agregó tibiamente Hortensia.
n Si , yo les haré preguntas si es necesario ,pero los temas que yo les presento en este proyecto son una sugerencia mía, Uds. podrán cambiarlos o agregar algún otro que no figure ! Aquí se dirá lo que Uds. quieran decir pero no en forma académica sino en base a la experiencia vivida.
En ese momento asintió con la cabeza la otra comandanta que si no fuera por el palicate juraría que acompañó la expresión con una sonrisa. Mi guía insistió más tarde que esa mujer de ojos achinados y dulces era la famosa Susana. Yo sólo pude comprobar la identidad de Hortensia y de David, los demás nunca se presentaron y tampoco yo busqué que lo hicieran , puesto que preguntar de entrada sobre la identidad a cualquier indígena puede sonar a persecución. Es más, como profesional estaba absolutamente desarmada. Mi cámara y mi grabador yacían en el fondo de mi bolso para que ni siquiera los mismos objetos tuvieran la fantasía de que iban a entrar en acción. Yo estaba allí ante todo como mujer, pero con la esperanza casi inaudita de emprender el trabajo más ambicioso para cualquier profesional, realizar el "Wojk ta Wojk" que en tzeltal significa "lanzar y recoger la palabra", y en la jerga periodística se traduce a ser lo más objetivo posible. Por ende lo primero que pretendía lograr era confianza, sólo bajo esa condición para ellas y ese desafío personal para mí iba a poder transmitir la palabra de estas mujeres.
n Bueno ahorita las compañeras están con mucho trabajo, pero ellas ahora van a decidir cuando le responden a su propuesta.- Me aclaró el comandante David.
n No hay problema que me digan cuando y aquí estaré, "firme como rulo de estatua"
A esa altura el paliacate de la supuesta Comandanta. Susana ya no podía tapar la risa. Comenzaron a hablar entre ambas en voz baja y en un dialecto indescifrable , al menos para mí. Después de un par de minutos, Hortensia me dijo :
n Ud. podría volver el viernes a primera hora de la mañana?
n Cómo no, aquí estaré , no tengan dudas !
Finalmente les aclaré que yo no venía con ningún espíritu femenista para enjuiciar la vida de las mujeres y sus tradiciones, mi intención era transmitir el mensaje sin valoraciones de esa naturaleza. Aclaración que por otra parte era realmente sentida por mí. Mi presencia en ese lugar significaba aprendizaje y no docencia. Los ojitos de las Comandantas se vieron distendidos y hasta contentos, pero debo confesar que los más aliviados luego de dicho comentario fueron los Comandantes.


Ya estaba cayendo la tarde y Juan, mi compañero inseparable, le transmitió al Comandante David la preocupación de la falta de transportes para regresar en ese momento a San Cristóbal. El Comandante no dudó, y nos expresó que de no conseguir carro podíamos dormir en la comunidad, "en nuestra casa hay lugar para pasar la noche" . Todos nos dimos un buen apretón de manos y nos despedimos hasta el día de la respuesta.
Como bien había previsto Juan, los transportes ya no pasaban hasta la cinco de la mañana del día siguiente, el guardia de la entrada nos condujo hacia una especie de galpón con varias camas marineras de pura y buena madera. Allí extendimos nuestras bolsas de dormir, comimos unas galletas de maíz e intentamos conciliar el sueño. Intentar... Esa fue la exacta palabra en mi caso, yo no podía pegar un ojo, la excitación del encuentro con esas mujeres y estar en un territorio rebelde por primera vez en mi vida, era una experiencia donde el sueño no tenía ningún espacio. Trataba de reconstruir mentalmente cada una de las palabras que había pronunciado y recordar simultáneamente los gestos de los comandantes, para tener la certeza de que había sido comprendida por ellos, sin haber largado ninguno de mis exabruptos y habiendo dejado en claro mi buena fe y mi trabajo. Muchos, en San Cristóbal, me habían advertido que para los indígenas la primera impresión era casi primordial y definitoria . Habría yo pasado esa tan difícil prueba ?... Esa era la pregunta del millón , de la que sólo me enteraría dentro de cuatro largos días.
Por más que los tiempos parecen más largos allí, los cuatros días pasaron con la exactitud que pasan en otros lugares de mundo.
Esa mañana después de haber entregado mis documentos en la entrada, fui nuevamente atendida por varios comandantes pero esta vez eran media docena, incluyendo a una nueva mujer que cargaba un bebé en sus espaldas. Una comandanta madre !, esto sí que es revolucionario !, pensaba para mí.
Bien después de la presentaciones y comentarios, la miré a Hortensia y le pregunté :
n Bueno, qué han decidido con respecto a mi propuesta ?
n "Hemos decidido que el trabajo lo haga en La Realidad" o "La Garrucha".
No estaba muy segura de lo que sentía, pero el hecho de no poder trabajar allí me decía interiormente que había fallado.
- Por qué no aquí ! ,- alcancé a balbucear
n Porque así lo hemos decidido. - Contestó con tono casi de sentencia la Comandanta Hortensia.
n Lo siento pero lo mío no es una queja, es tristeza. Yo voy a ir donde Uds. lo dispongan pero me hubiera gustado que la palabra de Uds. también estuviera en el libro. Me comprende ?
n Ud. podría llevar esta carta a este lugar ?. Me dice Hortensia en un cambio inusitado de conversación.
n Si por supuesto, así lo haré ,no habrá ningún problema !.
Nos despedimos con un fuerte apretón de manos y mis deseos de la mejor de la suertes para ellas y su lucha.
Mientras íbamos camino de regreso para San Cristóbal yo no podía conciliar esta ultima actitud, es decir, de no ser yo una persona confiable, por qué me iban a utilizar de correo ?. No tenía ninguna lógica . Cuando llevé el sobre al destinatario, además de agradecerme por el servicio desinteresado de mensajería, escuché que se le dijo a una persona recién llegada, "Fulano, llegó carta de Oventic y es muy importante". Esto me confirmó que ellas de algún modo confiaban en mí y que mi proyecto aún tenía esperanza de ser llevado a cabo ,pero más que un logro, lo que sentí fue un verdadero alivio con tibio sabor a orgullo!.

Enero del 97
Alejandra Geatti
Mujer, argentina y soñadora.






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